No se necesita ser un sabio para saber que el león
es el rey de la selva no por voluntad de él sino por voluntad del ser humano;
ser humano que un día vio su imponencia, ferocidad y letalidad y decidió
reclamarlo como rey de los demás animales, en franco golpe contra la
naturaleza. Incluso, lo proclamo por encima del elefante, del rinoceronte, del
hipopótamo y de otras criaturas que pudiesen ser aún más imponentes, feroces y
porque no... Letales.
Al ser de una realeza ficta, el hombre, lo reclamo
como estandarte para hondearlo y así generar temor, para lograr miedo sobre los
otros porque al fin y al cabo quien no teme a un feroz animal que es capaz de
devorar hombres en un circo; reyes humanos lo reclamaron como su apodo, como su
mote, y quisieron darle dotes sobrenaturales a ese rey animal.
Pero lo que nadie sabe, y si lo saben lo ocultan
por conveniencia, es que la naturaleza -de donde proviene el León- nunca pensó
en nombrarlo rey y muy por el contrario lo quiso dejar cumplir su papel
ordinario de depredador porque todos los seres tienen un papel fundamental
impuesto por ella y que ejecutan (lo que algunos les gusta llamar instinto
animal) con cierta gracia y a veces con cierta contradicción.
La naturaleza obró para que en ella no hubiese
esos gustos por la lisonjería; gustos que si hay en los humanos, la naturaleza
no pensó en inclinarse ante una criatura simple como lo es un león ¿Inclinarse
ante un ser que es capaz de acabar con otro ser por aquello de saciar su hambre
o a veces por gula? No.
Sin embargo, ante ese rey creado, la naturaleza
prefirió no oponerse al título y dejar que el tiempo dictara su veredicto...
Ese rey de ser un feroz depredador, de generar
temor, de ser sobrenombre o mote de reyes humanos, pasó a ser una simple
atracción, en un lugar cualquiera, en medio de muros o rejas donde quienes lo
nombraron de la realeza (realeza espuria) van a reírse y a divertirse con su
encierro.
Entonces, ¿Es rey el león? No. Así como esta, el
león es simplemente un leonzuelo.