martes, 4 de abril de 2023

REVOLUCIÓN



Un día cualquiera me levanté y sentí que el mundo estaba mal.

Me fui para mi estudio y mientras leía de forma desprevenida fueron muchos los que marcharon y lanzaron piedras; muchos gritaron arengas y muchos fueron reprimidos y desaparecidos. Muertos hubo de un lado y del otro y el Estado y los políticos a eso, que hicieron, lo llamaron revolución. Ese día solo supe quedarme dormido.

Al otro día, me levante aturdido sintiendo que el mundo era un caos completo; tome el tren para ir a mi trabajo y un hombre comenzó a tocar su violín; tocaba unas notas celestiales, que reconfortaban el ánimo y al llegar a mi destino (que también era el del músico) otros hombres, con uniformes verde oliva, a empellones sacaron al violinista y todo porque la música era subversiva.

Fue, entonces, que me dije que ahí hicieron falta revolucionarios para hacer la revolución.

Pasados aquellos días y siendo otro día de más, me levanté y presentí mi muerte.

Salí a caminar por lo que quedaba de calles y miraba como todo el mundo se había entregado al gris de los edificios y al negro de los trajes, a la altivez de las ideas mal vertidas, al enojo de la madurez y a la esclavitud de la tecnología; rogué, entonces, a los dioses y eso que como último recurso, ante la ausencia de seres humanos para que aquello fuese un sueño, pero no lo era... y entonces a mi mente vino, de repente, la idea de hacer algo y lo hice, aunque tarde: Me desnude y camine desnudo por las calles y fue así como hice mi revolución.

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