Y qué difícil
es copiar el aíre de tu piel
Draco
Son más de 40 días en los que brilla tu ausencia, son más de 40 días en los
que esta tristeza se camufla con una que otra risita que no se siente en las vísceras.
Son más de 40 días en los que te veo cada mañana, en el pájaro que se posa en mi ventana. Sé que estas ahí, en la naturaleza, en los árboles, en los ríos, en las rosas, en cada abeja y pequeño bichito que de ella se alimenta. Sí, estas ahí, ahí, pero no aquí.
La felicidad que debería de tener se me disfraza de otras formas, se me
disfraza el amor que debería dar y me hace sentir solo, solo, en medio de otros
tanto millares de gentes.
Son más de 40 días, con sus noches, que he tenido que cargar con la verdad,
con el peso del manto que la cubría y con las maldiciones espetadas por mi
boca. Si tú estuvieses aquí ya me hubieses volteado el mascadero por haberle
dicho hijos de puta a los que pariste... Pero no estas. Como quisiera que
estuvieses para todavía creer en la mentira de su amor, como quisiera que
estuvieses para que me obligaras a creer.
Me dicen que me olvide de ella, que si la traigo al presente me sigo
haciendo daño, que cada día, desde que te fuiste, parezco japones haciéndome el
seppuku, que dejo mis entrañas por ahí regadas y mi cabeza rodando... ¿Pero que
hacer?
Créeme que de ti no me puedo olvidar y no lo quiero hacer.
Pero de la soledad tampoco puedo olvidarme, porque como tu esta ahí. Y a
diferencia tuya, que no despreciabas, que eras algarabía, cariños e ingenua, ella
me mantiene al día en los desprecios, en el silencio, en la falta de cariño y
en las mentiras.
Y habrá quien se pregunte ¿Qué acaso el olvido no es parte de la felicidad? y la respuesta es no. Si las olvido a las dos, sería otra vez yo... Y eso no lo quiero.



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