La vida o la existencia, como se
quiera llamar, es como cuando una persona está por ser guillotinada y le
colocan una vela a la cuerda que sostiene la cuchilla y esa persona esta viendo
como la cuerda se va consumiendo o puede que también sea como una gota que cae en
la cabeza de alguien que está atado a una silla y esa gota es constante.
Puede que al principio no se
tenga consciencia del peligro, cuanto más avanza el tiempo se empieza a pensar
en el peligro, se termina por creer que hay un peligro latente y al final o cae
la cuchilla sobre el cuello de la persona o la persona se enloquece.
Y puede que se encuentre una forma de vencer toda esta parafernalia: soplándole
a la vela para que se apague o tumbarse al piso, con silla y todo, para que las
gotas no lo enloquezcan... Y está bien.
Pero pasa el tiempo, y solo entonces,
puede que la persona se pregunte del porque lo hizo... Y puede que empiece a
pensar nuevamente y puede que termine por creer en lo que está pensando y ya en
los momentos finales, se convenza de que haber soplado o tumbado la silla no era
necesario.
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