Luego se
puso la soga al cuello y se dejo colgar.
Muchos
pasaban y veían como se iba de lado a lado, como el viento lo mecía, pero
seguían caminando… Que es un hombre en un árbol sino un apéndice de este, se
decían.
Y…
alguien lo vio ahí, se compadecido del sujeto, lo tomo por los pies e intento
soliviarlo para tratar de devolver el halito de vida -si algo de ella quedaba-
pero miró hacia arriba y vio su cara tan tranquila, sus manos tan descansadas y
su cuerpo tan entrado en lo elemental que lo dejo ahí, adornando el árbol.
Y… hasta
hoy, que pasé cerca de la acacia, sigue ahí, el hombre hecho, ya,
huesos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario