La traición es el único comportamiento humano, que,
si se analiza con calma y sin prevenciones, no tiene perdón.
Traicionar no se parece a ningún otro comportamiento, a ninguna otra forma; no tiene justificación y mucho menos explicación.
Muchos son los comportamientos censurables:
asesinar, mentir, robar; pero ninguno de ellos llega al nivel de la traición.
La traición, si se entiende como la destrucción de la confianza, es la forma
más perversa de acabar con el otro, de
acabar con el amigo, con el conocido, porque entre enemigos la traición es
usual.
Y por lo general quien traiciona se le conoce como
traidor. Y el traidor es un ser humano (desgraciadamente) que se camufla de
manera certera con los otros seres humanos haciendo su labor para después huir.
El traidor no tiene sexo porque puede ser cualquiera, no tiene edad porque en
cualquier escala de tiempo sucede, no tiene lenguaje porque en todas las
lenguas se puede ejecutar; el traidor es más bello o bella que luzbel, es seductor y atractivo ya que
cualquier ser humano inerte, cae en sus garras.
El acto del traidor es tan certero y simple que
adolece de complejidad; una palabra o un silencio, inclusive un sutil acto
rompe con la cotidianidad y configura una traición que puede acabar con gentes,
sociedades, naciones y hasta con mundos.
El traidor no llega por las espaldas, llega de
frente. Esta ahí, con todos y cuando es el momento sale de forma fulminante,
cierta, ejecutando el acto para luego huir o peor aún: para luego autocompadecerse
y justificarse.
Traidores muchos, conocidos, también. Esta: Judas
que traiciono por 30 monedas y otros conocidos más íntimos como por ejemplo la
misma familia, los mismos hermanos... Uno nace presumiendo que los conoce, que
en ellos confía y si... puede que uno muera conociéndolos, pero conociéndolos como
traidores.



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