Todo pasa, nada se queda donde
debería estar. Todo objeto que cae en el mar tiene dos alternativas: flotar o
hundirse y aunque la mayoría flota, el resto va al fondo del mar a quedarse
estático, sin volver a moverse; los que flotan no se quedan en el mismo lugar y
por el contrario su suerte queda en manos de las corrientes que los llevarán de
un lugar a otro.
Lo mismo sucede con esas cosas que
nos han dejado alegría... Un amor, una risa, un buen momento quedan grabados y
a veces y en medio de las tristezas apelamos a su recuerdo para olvidarlas;
pero a medida que pasa el tiempo lo bueno y lo malo se desvanece, su recuerdo
se vuelve habitual, cotidiano, natural y se pierde en el fondo de nuestra
existencia para no ser encontrado nunca más.
Todo pasa, todo pasa, pasan los
días y las noches, el viento y las aguas de los mares y ríos, pasa la vida,
pasa la muerte, pasa el amor, pasa todo y peor aún... Todo termina por
olvidarse.

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