jueves, 6 de abril de 2023

DESCENSO

 
 

El cuarto esta oscuro y tibio, las luces son un recuerdo, mi alma camina por los rincones y yo sentado en la poltrona inglesa bebo de la sangre de Baco en espera de que se abran las puertas.

Un crujir de bisagras da el anuncio de la apertura. Una escalera en espiral aparece ante mis ojos; el ascenso está cerrado y solo hay descenso; bajo por ellas con calma, tranquilo, evitando el sin sabor. Cada escalón me lleva al otro y cada giro es otro giro, las paredes se fueron hace rato y solo el olor a tierra llena los pulmones. Atrás quedaron los sueños, las alegrías y ahora solo quedan esos recuerdos que fueron la llave para la puerta que mostro las escaleras por donde bajo.

Pequeños pañoles en la tierra albergan osamentas de tibios próceres, ojos de barro me sigue, ¿por qué no paro de descender?

Siento frio, el bajar a la tierra no es caluroso; siento temor, siento ganas de gritar, de maldecir, de tomar por su aureola a los ángeles y pisotearlos, siento ganas de cortar mis venas para que salga la sangre y dejar un rastro -como lo hicieron los niños con las migas de pan- para devolverme si es necesario; pero luego entiendo que la sangre en el piso se borra con el tiempo -como las migas de pan que se las comieron los pájaros-.

Llego al final y veo un rio, ancho y helado, al otro lado estas tú y no hay una barca para cruzarlo.

 


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