miércoles, 5 de abril de 2023

YO, LAMUERTE



Le estoy dando largas a la muerte, esperando que de mi se acuerde. Que agonía es la vida, pero más agonía es esperar la muerte, la muerte es la visita más deseada pero la más ingrata... no se sabe cuando llegará.

A veces la esperamos en la ventana, como se esperan los amantes, nos arreglamos con los mejores trapos, nos acicalamos con perfumes y otros menjurjes en espera de su repentina llegada; pero al igual que los amantes que se esperan en la ventana y ven pasar largas horas o cortos minutos para darse un beso, así misma es la muerte... puede tardar horas, años, siglos o segundos en llegar para darnos un beso.

Otras veces, esperamos a la muerte, como soldados valientes que se arrojan a las trincheras en espera del enemigo; le dedicamos largas vigilias, noches de insomnio en espera para combatirla, en espera para enfrentar a la parca -que es como le dicen- y quitarle la hoz. Pero, y también como les pasa a los valientes soldados, puede que esperemos por un enemigo que nunca llegue y cuando bajamos el fusil o cambiamos de mano para percutar mejor el gatillo, la muerte se infiltra en la trinchera y...

Puede que la muerte se disfrace de mujer y nos seduzca con fina coquetería, nos lleve hasta el peñasco donde se ve inmensa la luna y con sutil galantería nos arrime hasta el borde y haga que nos arrojemos al vacío.

Y al final puede que hasta yo mismo sea la muerte, puede que yo mismo decida quien vive y quien muere, puede que yo mismo haya sido quien se infiltro en las trincheras para asesinarse, puede que yo sea el amante que llega a la ventana a besarme  o puede que me disfrace de mujer para engañarme a mi mismo y hacer que me arroje por ese peñasco.

 

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