miércoles, 13 de diciembre de 2023

EL MALO DE LA HISTORIA.


En todas las historias escritas, actuadas y reales siempre existirá “el malo de la historia”; caperucita tuvo al Lobo, Holmes a Moriarty, la isla del tesoro a Long John Silver, Valjean a Jalvert, Jekyll a Hyde. Y cada historia siempre termina con un acto aleccionador en contra del malvado y en un acto misericorde hacia el “héroe”.

Los villanos pasan a la historia, sin cuestionamiento alguno, como seres miserables que hicieron de todo y por todo para acabar con el “bueno”, que emplearon toda la inteligencia y paciencia para derrotarlo pero que por ardides del otro sus planes se vieron frustrados, que por cuenta de su inteligencia el enemigo fue derrotado, que por confiar en las buenas artes y en la pulcritud de su conducta el mal nunca triunfo.

Pero nadie se ocupó en escuchar, por ejemplo, al Lobo que tenía para decir, ni tampoco se preocuparon por conocer la versión de Moriarty antes de caer por las cataratas o la de Long John antes de perderse en el mar o la de Jalvert y ni mucho menos la de Hyde. Siempre acusamos, siempre señalamos, siempre juzgamos y siempre condenamos; lo hacemos por los motivos que solo conocemos, por el fuero interior que expresan los buenos y por lo beligerante de los actos de esos, los malos.  Acallamos cualquier intento de réplica, impedimos sus justificaciones y dejamos a los buenos como mesías; no se nos ocurra atacarlos o seremos aleccionados.

Y resulta curioso que los reclamos de los malvados para oponerse a las réplicas de los justos sean hechas de manera más simbólica que toda la parafernalia que desatan esos paladines. El lobo murió, Moriarty también, Long John Silver desapareció, Jalvert se fue de espaldas al rio y Hyde fue eliminado. Y es ahí cuando uno piensa de manera singular al respecto y comprende que el malo no es malo por su naturaleza, ni malo por una suerte de destino natural, sino que el malo es malo porque alguien lo tacha, alguien no entiende, alguien así lo desea.

Sí, habrá malos porque tienen que haber malos.

Pero no todo el señalado, el vituperado es malo; el que lo señala puede que sea peor, solo que su bondad ingénita, aunada a su carga moral lo santigua y santifica y como por arte antinatural su culpa se enerva.

Y siempre habrá que recordar: que toda historia, toda vida tiene un malo o mejor: Un incomprendido.






 

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