lunes, 27 de noviembre de 2023

EL MUNDO, LA VENTANA Y ELLA.

 

A Karyn.

 

Suele suceder que, a veces, el mundo es un extenso e incomprendido lugar donde solo hay cabida para unos cuantos y exclusión para otros. Y digo que suele suceder porque no hay forma de entender el mundo cuando unos están dentro de él y otros por fuera. Es algo así como cuando, ella, estaba enferma y tenía que estar en cama en su cuarto junto a, él, su hermano quien no podía caminar. Ella quería que la dejaran ver por la ventana, pero él no lo permitía; sin embargo, cada vez que ella lo pedía él le contaba el mundo que había afuera. Le contaba, por ejemplo, que había una cascada de muchos colores y que por el rio que ella alimentaba se veían maravillosos barcos a vela navegando hacia mundos increíbles donde habitaban seres increíbles; le hablaba del cielo y le contaba de todas y cada una de las criaturas que por el surcaban, dragones dejando estelas coloridas, aves que dejaban líneas de purpurina que caían lentamente y pájaros que contaban misteriosas notas que encantaban a quienes las oían.

Ella escuchaba los relatos con calma y cerraba sus ojos pensando en los barcos que navegaban a lugares misteriosos o en los dragones que dejaban estelas de colores, ¿de qué colores? y estando a punto de dormir escuchaba los cantos de esos pájaros que cantaban misteriosas notas y se iba al reino de los sueños, feliz, feliz, feliz.


Un día a ella le dijeron que se había curado, que sus males habían desaparecido, que podía salir al mundo y entonces se alisto para encontrarse con la cascada de muchos colores, con el rio donde estaban los barcos, con los dragones en los cielos, las aves y los pájaros. No había emoción más grande que el poder cruzar esa puerta y ver todo aquello que su hermano le decía. Cruzó la puerta y vio que nada era como debía de ser, que no había una cascada, que no había barcos, ni animales fantásticos surcando los cielos. Solo había un mundo gris, iluminado a veces por el sol y fétido como poco; no había felicidad, los colores se perdían en las decenas de esquinas, la lluvia caía y nadie era feliz.

Así que ella volvió adentro, se acostó en la cama y le preguntó a él, su hermano, que era lo que veía por la ventana y él volvió a contarle lo que veía.


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