martes, 2 de mayo de 2023

MARDOQUEO PEREZ : “EL TRABAJADOR”

 

Fue primero la escritura que el libro, y eso es una verdad incuestionable; cuando el libro aparece junto a él también aparecen los anaqueles y ciertamente con los anaqueles, posteriormente, aparecen las bibliotecas. ¿Y qué es una biblioteca? Pues simplemente el único lugar donde se conserva la memoria que no enferma.

Y fue precisamente en una de esas bibliotecas, en particular la de la real academia de ciencias morales y políticas de España, donde en el quinto anaquel del pasillo del medio, segundo estante de arriba hacia abajo, columna del medio, donde reposa una obra muy singular. De hecho, si se mira su registro de préstamos esta obra ingresó a la biblioteca en el año de 1925 y fue prestada Por Primera Vez en 1954 para de ahí en adelante no haber sido prestada hasta cuando la volvimos a descubrir, ya muy entrado el siglo 21.

«Tribulaciones y Pequeñas Anécdotas de un Simple Mortal» es una obra de carácter anónimo que ingresó a la biblioteca por cuenta de don Mariano Calvache, reconocido miembro de esta Real Academia y quien en vida aportó con su saber nuevas perspectivas al entendimiento de lo que algunos llaman geometría sagrada.

En el interior del manuscrito citado podemos encontrar, a página 84, una pequeña historia que es muy prudente traerla hoy Primero de Mayo a colación y es la historia de «Mardoqueo Pérez: el trabajador». Por tratarse de un texto cuyos derechos ya son universales lo reproducimos a continuación.

Todas las mañanas Mardoqueo Pérez tomaba el almocafre y se iba al corte a realizar surcos para que luego fueran fecundados con la semilla de tulipanes; esa era la ruta de él a diario. Cuando volvía, su esposa, pequeña mujercita de cuerpo, le tenía las viandas que él comía para luego dormirse... Y así fue por mucho tiempo. Más un día, y eso, Mardoqueo Pérez paró. No quiso levantarse de su cama  a la misma hora, su mujer se asustó, pero guardo el silencio; por esas cosas se levantó al medio día y almorzó con su esposa a la que le dijo unas palabras sobre su belleza y espeto rosas por la boca para decirle lo que la amaba.

De sobremesa la llevó a la cama y quitándole las ropas, le hizo el amor con fuerza, faltando a los canones, dejó que su mujercita estuviera arriba de él -mientras fornicaban- y ambos tuvieron su premio.

Luego ambos fueron a la quebrada que irrigaba los campos y se bañaron; su mujercita, mujercita de cuerpo, brillo como toda una diosa ante los ojos lelos de Mardoqueo, quien toco el cielo sin haber querido.

Ambos volvieron a su hogar, ella: La Mujer, le hizo su cena y él luego de cenar, la llevo a la cama y volvió hacerle el amor, pero por ser ya de noche, no hubo limite y ella soltó a viva voz sus gemidos de placer que a no dudar dibujo una sonrisa, no de gozo, sino de satisfacción.

Y se fue él día.}

Despuntó el sol por oriente y Mardoqueo Pérez volvió a su rutina, pero esta vez una mujer lo esperaba en su hogar para cuando regresara”.

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