sábado, 21 de octubre de 2023

LAS DESPEDIDAS.

 




Las despedidas no son ni agradables, ni angustiosas, son simplemente actos necesarios para poder continuar viviendo. Las despedidas tienen amplios motivos, a veces mínimos, pero siempre hay un motivo fuerte para decir adiós, hasta luego o hasta pronto o ya vuelvo.

Adiós es conclusión, fin, sin vuelta atrás. Quien dice adiós es porque tiene claro que no regresará, que no pisará el terreno que deja o volverá a la causa que profeso. Adiós, es determinante, puntual, claro, sin medias tintas; quien lo dice, lo tiene que hacer convencido porque adiós es sinónimo de fin y un fin es para siempre.

Hasta luego o hasta pronto es duda, es no saber si irse es correcto o quedarse es malo. Decir hasta luego o hasta pronto es reflejar la duda de que lo que se hizo no fue determinante, no fue claro, no fue preciso. Que lo que estaba y se dejó no fue más que una posibilidad de fin no fue más que una vágatela que puede que sea corregida en algún momento en el que se regrese o que otro que vuelva en remplazo la mejore. Hasta luego o hasta pronto es más armonioso que adiós pero también puede ser cruel y es fácil de entender: hasta pronto amor... Adiós amor.

Ya vuelvo es mediocridad. El ya vuelvo es dejar sin hacer, es no empezar, es no atreverse . Ya vuelvo es dejar tirado todo a la suerte lo que se piensa o el mismo encargo. El ya vuelvo no es compromisorio sino simplemente un uso, un aditamento para excluir posibles culpas futuras, una manera de atender con etiqueta la pereza de no hacer. Ya vuelvo deja en vilo a todos, genera una esperanza que jamás se resolverá.

Por eso el despedirse puede tener muchas explicaciones, muchos guiones  y todos siempre nos hemos despedido de alguna u otra manera y siempre... terminamos, aquí o allá, encontrándonos.

jueves, 19 de octubre de 2023

DON IGNACIO.

 

 

Ignacio Arringoechea, mejor conocido como “Nacho Echea”, era uno de esos escritores poco conocidos que pululaban en la ciudad de Medellín.

Cliente asiduo de la otrora “Calle del Calzoncillo” y eterno bailarín de salsa en “La fuerza” enseñó a bailar a muchas putas y a uno que otro hombre que le pedía el favor para no quedar mal con las “muchachas”; tan solo pedía un vaso de ron viejo de caldas con hielo como pago.

Nacho era un baja cucos profesionales; en los hoteluchos de la “Calle del Calzoncillo” siempre tenía una pieza para la fulana de la noche y siempre contaban que Nacho las endulzaba con sus cuentos al oído y al otro día era la de marras la que pagaba la pieza, los tragos y se pagaba a ella misma la zarandeada que Don Ignacio le metía.

De Nacho nunca se supo donde nació o si tenía profesión, arte u oficio, solo que cuando le daba por cascar las teclas de la máquina de escribir no había poder humano que lo detuviera; sus vecinos de habitación -los de la pensión de Doña Concha- en Niquitao, ya se habían acostumbrado y se volteaban para el otro lado de la cama cuando él pasaba noches completas dele que dele...

Y cuando acababa se iba por allá a la zona de San Ignacio a buscar imprentas para que le imprimieran sus escritos porque él decía que lo único que perdura es lo que queda en el papel. Mientras esperaba la impresión, que se la fiaba Don Fabio el tipógrafo, que era cosa de dos a tres semanas Ignacio se perdía en los bailaderos de salsa y prostíbulos porque así era que le gustaba su vida: escribir, bailar, putear.

Cuando era el día de la entrega, Nacho, aparecía y Don Fabio le daba las impresiones animándolo a que dejara esa vida, que eso no era para él; Ignacio, escuchaba y de dientes para fuera le juraba por cada una de las once mil vírgenes que lo iba hacer, que la iba a dejar, luego se iba para la Alpujarra y a cuanto político o abogado que reconocía le vendía la impresión como por $20.000 y con lo que recogía iba le pagaba a Don Fabio, luego pagaba lo que debía a Doña Concha y después se perdía el tiempo que él quisiera porque para Nacho el tiempo era un tal invento burgués para abrazar a las masas y dominarlas y como él no era para nada de la masa se le hacia el pendejo...

A Ignacio Arringoechea, Nacho Echea, lo encontraron en un hotel, en una habitación sucia, cerca de la Iglesia Metropolitana, en una cama, desnudo, sin ropa porque la ropa se quedaron con ella para venderla y pagarse la pieza. La que estaba con él de seguro se voló.

Lo sacó la policía, envuelto en plástico blanco y se lo llevo a Medicina Legal en donde no hubo doliente que lo reclamara, ni si quiera las putas a las que folló, ni si quiera Don Fabio el tipógrafo, ni los políticos, ni los abogados a los que les vendía sus libros.

Nacho murió de paro cardiaco, alcoholizado y con la lanza en ristre; para su forma de vida podría decirse que murió contento.

Con el tiempo, y después de estar en una nevera de la morgue, lo enterraron en el cementerio universal, cerca del hermano de la Quica -el que tiene la música 24 horas- acompañado de “Siempre Alegre”.

Doña Concha supo que había muerto tiempo después; ella nunca lo busco porque él se perdía meses enteros hasta que volvía a darle dedo a su máquina para ir a que le imprimieran sus textos para venderlos y pagar sus deudas.

En su cuarto le encontraron la máquina, resmas de hojas usadas a las que les ponía una x para usar el respaldo que estaba limpio, copias de lo que escribía, que las guardaba como recuerdo, ropa vieja pasada de moda, libros y tres diplomas: Uno de filósofo y dos especializaciones.

Y... Muchos se preguntaron: ¿escribía porque era filosofo? O ¿esos títulos se los había impreso Don Fabio?   

Si quiera a Nacho no le tocó la pandemia, no quisiera imaginármelo encerrada sin poder hacer lo que más le gustaba o al menos no murió en un hospital, ¿Qué peor que morir en un hospital?

Con sus cosas y con las nuestras, a manera de homenaje póstumo, como todo en esta letrina de ciudad, copio uno de sus textos, el cual si desean lo pueden adquirir conmigo para ver si recogemos y seguimos pagando un nicho en el cementerio universal cerca del hermano de la Quica para que siga escuchando “Siempre Alegre” y no lo mandan para la fosa común, donde terminan todos los que piensan.


“LA ORATORIA DE LOS INUTILES”

No hay letrados, ni hay doctos, tan solo sabedores.

No hay bobos o idiotas sino pendejos redomados.

No hay hombres honorables, tan solo hombres.

No hay mujer que no lo de, sino idiotas que creen que todas lo dan.

¿Habrá obras más grandes que las que se hacen con ladrillos? Sí, las que se hacen con un lápiz.

¿Vale la pena vivir? No se responda usted mismo, mire a ver si los otros que están cerca saben la respuesta.

¿Y si saben la respuesta? Pues entonces respóndase usted mismo.

No hay duda, no hay lugar a la cavilación, el mundo es mejor cuando decidimos que mundo queremos, no cuando otros lo decide.

¿Qué dirán de lo que escribo? Que digan lo que les de la gana, total este escrito ya no es mío.

N.E. Medellín, 6 de Marzo.

lunes, 2 de octubre de 2023

EL MASCARON DE PROA.

 


Siempre que he creído sentirme sin ganas de continuar o con ganas de entregar esta vida recuerdo, que en los barcos hay una figura que va adelante, en la proa. Una figura que aunque sea tallada en madera, nunca se desgasta, una figura que enfrenta al océano bravío con entereza y valor; una figura que en medio de su silencio desgarra a los mares cuando de forma insolente, estos, se revelan y quieren herir de muerte la nave.

Una estampa pétrea que protege a los marinos de la sentencia que Poseidón; esa estampa con nombre de mujer, de hombre, de mito, de leyenda y hasta de pelafustanes  es la que siempre esta ahí. No importa quien gobierne la nave, no importa quien mande sobre la cubierta, no importa... siempre los marinos saben que habrá quien los proteja porque no tiene miedo, porque no conoce el temor, así es el mascaron de la proa que estando adelante capotea cualquier
tormenta porque siempre sabe que detrás de todas ellas viene el sol.

LA SOLEDAD NO SE OLVIDA.

Y qué difícil es copiar el aíre de tu piel Draco   Son más de 40 días en los que brilla tu ausencia, son más de 40 días en los que e...