sábado, 23 de septiembre de 2023

RESPUESTA A UN AMIGO...


A Esteban Gonzalez.


Esto le he respondido a mi amigo, quien me ha escrito, viendo esta deplorable condición: 


... De que vale la pena, mi Querido amigo, seguirse preguntando si vale la pena seguir viviendo si la respuesta, aunque trate de animarnos será, por lógica, una sola.

De que vale la pena, seguir martillándose la cabeza, dándole golpes como el carpintero al clavo o el escultor al mármol, si al final siempre la respuesta por más positiva que trate de ser será consecuente con la misma realidad.

Ayer éramos simples hombres deambulando por las vías del mundo sin importarnos el destino y hoy somos entes preocupados por saber cómo terminara todo; hoy tan solo somo lo que en muchas respuestas anteriores tratamos de no ser.

No he querido decirlo por mucho tiempo, porque siempre dije lo contrario, pero creo que ha llegado el momento de decirlo para que te lo grabes: No vale la pena vivir la vida. No hay razones, no hay sentido, no hay ánimos, no hay nada. Y por más que trates de hacerme cambiar de opinión debo decirte que fracasaras.

Me he cansado de vivir, se ha vuelto insoportable. Respirar me causa una fuerte presión en el pecho a la cual, en principio, atribuía a una dolencia cardiaca o a un eventual sincope, pero ya veo que no era por eso...

Me dolía el pecho porque el aire que respiro es tan pesado que al ensanchar los pulmones los hace doler y se ha vuelto así por todos y cada uno de los artilugios estúpidos que la humanidad ha inventado y que vienen consumiendo la pureza de lo invisible que es el aire y agotando las sencillas de respirar.

Pero no solo por eso, sino también porque al respirar, así sea de manera involuntaria, se ha convertido en una obligación. Obligación impuesta desde el momento en que me robaron la propiedad de mi vida y se la entregaron a un ser sobre natural para que decidiera cuando es “prudente” terminarla. Me están obligando a vivir, a padecer, a ver padecer contra mi voluntad.

Respirar es sinónimo de vida, vida es sinónimo de alegría y alegría es sinónimo de conformismo; para mi respirar es una obligación, vivir una imposición y la alegría una ilusión.

De nada valdrá que me muestres todas las posibilidades que tiene el mundo porque el mundo me quedo corto. Y no es ego, pero cuando uno está aburrido, harto, cansado de un lugar, la lógica enseña en que es necesario irse, apartarse, cambiar; ergo si estoy aburrido de este mundo, de sus cosas, de sus gentes, de todo, debería de cambiar de mundo, pero ¿A cuál mundo? ¿hay otros mundos? ¿Dónde están?

La única escapatoria a este desastre es saber qué hacer y yo sé muy bien que haré y a nadie le va a gustar. Que tal que mi último acto de redención fuese puesto a consideración de esta caterva para que lo aprobaran...

Dejaré morirme, dejaré que todo llegue a su final en el correcto momento y en la hora señalada; no lucharé por darle alargue a lo que no quiero, ni prolongar lo que no me es querido. Dejaré que esta vida, tan apreciada para unos, cruel y vengativa para mí, ejecute su sentencia y nombre mi verdugo.

El único lujo que me reservo es el de tal vez adelantármele si veo que, como la inquisición, comenzara a torturarme; pero por lo demás la cumpliré.

Sí, soy lo suficientemente cobarde para suicidarme YA, pero soy lo suficientemente inteligente para saber que la vida es de mi propiedad y que puedo disponer de ella cuando quiera.

Quizás, mi amigo, debo de aceptar purgar la sentencia de estar vivo pero no debo aceptar que me agrade vivir.

Y no, no tienes razón en tus suplicas... no viviré a gusto por tener una familia, de nada sirvió, hicieron bien el simulacro, las actuaciones de fingir cariño, tan fue así que cuando el patriarca y la matriarca partieron -cansados y hartos de esta putridez-, como el cuento del lobo y el cordero, se quitaron la piel. Cumplieron la sentencia de Plauto: homo homini lupus... Pero para todos los efectos de su hipocresía, el culpable fui yo.

¿Vivir para los amigos? Si por ellos fue que aprendí sobre esta vida y creo que la mayoría de ellos en su intimidad saben que estar vivo no es un regalo sino una obligación.

En conclusión: No trates de prevenirme que me anime a querer vivir, NO QUIERO, no lo deseo, me molesta; pero despreocúpate que no tendrás la noticia de que me haya colgado o que mis sesos están en alguna pared... Me gana la cobardía.

En conclusión: ¿Vale o no vale la pena vivir la vida? Mi respuesta es: Para nada vale la pena. 

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