No le deseo a nadie haber elegido mi profesión, no le deseo a nadie la
presión del enfrentamiento con la injusticia, no le deseo a nadie eso... No le
deseo a nadie tener que agachar la cabeza, de forma obligada, porque la
altivez del ego le ha ganado a la de las ideas y no poder reaccionar... que tal
que eso le pase a alguien.
No le deseo a nadie la soledad de mi existencia, la perdida de los amados y
la traición de los consanguíneos; no le deseo a nadie tener que morderse los
labios y ver como el diablo pasa por el frente sin poderlo acabar.
No le deseo a nadie que piense como yo, que viva como yo, que tenga lo que
tengo yo; yo deje de pensar hace mucho rato, deje de vivir hace rato y no tengo
nada, excepto este vetusto enrojecido y prurigo cuerpo.
No sea como yo porque si cree que ser como otro es mejor es porque usted no
se conoce. Yo que me conozco y
por eso lo digo.

